Mantener tu piscina prefabricada en óptimas condiciones mejora la calidad del agua y prolonga la vida útil de la estructura y los sistemas. Aquí te mostramos cómo lograrlo:
Antes de empezar, asegúrate de contar con redes, cepillos, kits de prueba de pH y productos químicos esenciales. Conocer los niveles de pH, alcalinidad y cloro es clave para prevenir problemas como irritación ocular o proliferación de algas.
Usa redes para eliminar residuos flotantes y cepilla paredes y fondo para evitar algas y sedimentos. También es fundamental aspirar manualmente o con un robot limpiador.
Para llevar un control, verifica el pH al menos una vez por semana con un kit de prueba. Mantén el nivel entre 7.2 y 7.6 usando productos específicos para ajustar el pH según sea necesario.
El cloro es esencial, ya sea en líquido, pastillas o polvo. Puedes seguir las instrucciones del fabricante para una correcta dosificación. Por otra parte, existen alternativas como el bromo o ionizadores que también pueden ser útiles.
Mantén la alcalinidad entre 80-120 ppm para estabilizar el pH. Controla los niveles de calcio y magnesio para evitar corrosión o incrustaciones.
El sistema de filtración es clave para la limpieza. Limpia los filtros (de arena, cartucho o diatomeas) según las recomendaciones y revisa la bomba regularmente para asegurar un buen funcionamiento.
Controla problemas como algas, turbidez y manchas. Mantén los niveles de cloro, cepilla regularmente y usa productos específicos para manchas y algas.
Antes de la temporada, ajusta los niveles de químicos y revisa los sistemas. Al final, limpia bien, ajusta los químicos y cubre la piscina para protegerla.
Un buen mantenimiento asegura agua limpia, segura y una piscina que durará más tiempo. ¡Disfruta de tu piscina todo el año!
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Porque garantiza un agua limpia y segura, además de prolongar la vida útil de la piscina y sus equipos.
El pH debe mantenerse entre 7,2 y 7,6 para evitar problemas como irritación o desequilibrios en el agua.
Se recomienda realizar una limpieza regular de paredes, fondo y superficie, además de revisar semanalmente los niveles químicos.
La filtración, el control del pH, el nivel de cloro y la limpieza constante son fundamentales para mantener el agua en perfectas condiciones.